Reseña de:
Don Simeón Torrente ha dejado de... deber
Autor: Alvaro Salom Becerra
Don Simeón Torrente ha dejado de... deber
Autor: Alvaro Salom Becerra
Editorial: Oveja Negra, Bogotá, 1985
158 páginas (es cortico búsquelo y léalo)
Muy bonito es cuando uno se encuentra
con un libro bueno escrito por alguien de su terruño; más bonito
aún cuando ese libro no solamente es divertido y de sabrosa lectura,
sino que explica a través de su ficción los enrevesados caminos por
los que hemos llegado a ser este territorio de mentiras y de
tristezas; pero mejor aún cuando estas tristezas se convierten en
broma, en risa sardónica frente a la repetición continua de
injusticias que nos explican.
Es el caso de la desconocida novela que
me encontró en estos días y que relata la historia de un hombre cualquiera, un heredero de pobrezas y deudas como este Vagalis
que les escribe. Bien lo dice Álvaro Salom Becerra en su prólogo
cuando advierte que su novela trata “de un hombre mediocre,
adocenado, del montón; de los que viven y mueren sin dejar huella;
de los que no merecen “un supremo honor ni una suprema ignominia”.
En la mejor tradición de la novela picaresca esta novela pretende
demostrar que “en todas las situaciones de la vida, por dramáticas
que sean, hay aspectos jocosos y en los actos de todo hombre, por
solemne que parezca, hay un fondo de comicidad,” todavía más en
una novela ambientada en la capital del país más ridículamente
trágico del mundo.
La novela transcurre en la primera
mitad del S. XX en medio de una ciudad creciendo de manera desmedida
y acrecentando su miseria con enviados del resto del territorio
nacional. Pone el autor buen cuidado en trazar continuamente un
paralelo entre la vida de su protagonista y los acontecimientos
políticos y económicos que marcaron el país, así, vemos pasar por
sus páginas personajes ilustres como el Doctor Olaya Herrera “Flaco,
alto, frío, rubio, mayestático, autoritario. Oyendo un discurso
suyo, pronunciado con una voz que parecía que saliera del fondo de
la tierra, se tenía la sensación de que lo había dicho todo;
leyéndolo, al día siguiente, se llegaba a la certeza absoluta de
que no había dicho nada.” O comprendemos, alumbrados por sus
páginas, momentos decisivos de la historia nacional donde, por
ejemplo, “El pueblo soberano (…) creyendo que se trataba de
elegir Presidente de la Academia de la Lengua , lanzó a las
candidaturas a don Marco Fidel Suarez , clásico del siglo de oro,
que suplía su impericia en el arte de gobernar con un estilo
insoportablemente perfecto y del Maestro Guillermo León Valencia,
cuya inexperiencia administrativa estaba compensada por una
enciclopédica cultura literaria una inagotable y parnasiana vena
poética.”
Como tanta gente en mi ciudad el
protagonista de la novela más que vivir padece de haber nacido, y
más que pertenecer a la sociedad civil sostiene su calidad de
“hombre civilizado” como una cruz que sólo podrá abandonar con
la muerte, sin embargo va descubriendo a lo largo de su desafortunada
vida las armas con la que muchos nos defendemos de este modelo social
agobiante, el humor, la risa, y la e (en el arte, en la vida eterna,
en la bareta, en la revolución...). Y a través de su vida
imaginada que por ser de tantos es tan real Simeón nos ayuda a
pasar el rato y a burlarnos un rato de nuestras tristezas.
Nota motivadora: Son descritos
en la novela dos métodos para escapar de los acreedores, uno menos
redical que el otro pero los dos igual de efectivos.

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