(Transmitiendo desde la intersección de la Av. Caracas con calle 63)
La ciudad hace de su correo todos los sentidos mensajeros, y me abarca por completo, no puedo pensar por fuera de lo que es.Pienso: Cuando terminen los días de fiesta se podrá empezar con alguna cosa, pero, mientras las luces estén encendidas de esta manera, y haya tantas pajas en tantos ojos, en tantas bocas...tanto sueño prestado, no hay posibilidad de mirar con buenos ojos los cantos de mis afectos. Todo lo bueno es condenado por la luz.
Ahora vivimos la gran quema, pues todo brilla ahora como Roma a los ojos de Nerón, y hay un aire fastuoso en el ambiente.
Hay una tibieza también, que nos convence: hay que hacerlo porque es lo que estipula la normal estupidez. Como si no fuera suficiente sufrimiento llevar toda esta gran mentira a cuestas... No se si lo valdrán las tartas, comparadas con la cagada, con tanta distancia, con tamaño esfuerzo intestinal, con abismo tan grande entre lo que necesitamos y ansiamos y lo que creemos que queremos.
A mí globitos de enamorados vespertinos, a mí gente dispuesta a coger a toda velocidad, los anos, los senos, el pene, el pezón y la teta (y ojalá se toquen por lo menos eso), a mí, seres furiosos de rabias secretamente infringidas, a mí seres ambiciosos, entrecanos y en acecho, a la espera de la mejor oportunidad para profundizar sus heridas más recientes en busca de las más antiguas.
Si queréis venir (aunque no sea sino por un espantoso malentendido), venid. Pero procurad pasar de largo, mirad de reojo, pues no quisiera que mis búsquedas os afeasen las certeras orfandades que son vuestro paisaje.

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