A veces se me daña el soñador de por dentro y me convierto en torpe hormiga agujereada, con la carga mal atravesada sobre los hombros. Me toca llorar para adentro pues de afuera se me impone una careta sandia y apelmazada de odio transversal e indiscriminado que me opaca los ojos y me enturbia la lengua, los crespos me aplaca y la cabeza me desparrama, extendiéndola con un rodillo por los techos y las paredes hasta desaparecerla, confundiéndola con el cemento, el polvo y la pintura. Cualquier masturbación es un fracaso pues el órgano imaginativo languidece y la cabeza de los deseos señala el infierno; cualquier esfuerzo es vano, toda pretensión inútil, superflua para un mundo condenado ya a la ignominia, a la muerte por obsecuencia, a la desaparición autoinflingida.
Pero si por fin no escribo lo que se me escapa del entendimiento, sino ausculto mi angustia, no la disecciono y le descubro a la Tenia su vientre de desesperanza; sino revelo el iris de sus ojos a la luna para que encarame en su luz su locura, sino examino sus dientes y los muerdo fervoroso para medir su dureza con mi hueso; sino desnudo en fin, su aire maligno, así el dolor del cuchillo inunde mi propia carne, la Tenia me tomará por completo hasta hacer de mí mi propio fantasma e inundar con su alma del vacío el corazón de la gente que me quiere.
Pero si por fin no escribo lo que se me escapa del entendimiento, sino ausculto mi angustia, no la disecciono y le descubro a la Tenia su vientre de desesperanza; sino revelo el iris de sus ojos a la luna para que encarame en su luz su locura, sino examino sus dientes y los muerdo fervoroso para medir su dureza con mi hueso; sino desnudo en fin, su aire maligno, así el dolor del cuchillo inunde mi propia carne, la Tenia me tomará por completo hasta hacer de mí mi propio fantasma e inundar con su alma del vacío el corazón de la gente que me quiere.