miércoles, 27 de febrero de 2013

Plegaria


Suplico al narrador que me ande en paz,
que me conceda trinchera
contra su posteridad acuciante de fatigados lectores,
vanguardias armadas de ojos de la posteridad.

Pido al narrador que se tranquilice
que no me espante con sus truculentas predicciones de los protocolos del futuro,
que detenga sus delirios y se atenga a los hechos:
a mi piel,  a mi boca
a mis ojos y espaldas
jueces imparciales e inmediatos de mis días y mis noches.

Que no me deje arrastrar por sus cavilaciones estrambóticas.

¡Sálveme el cielo de merecerlo!

¡Por Dios, por usted mismo, cálmese
Señor Narrador!

miércoles, 20 de febrero de 2013

Simeón Torrente o el arte de reir de la pobreza

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Reseña de:
Don Simeón Torrente ha dejado de... deber
Autor: Alvaro Salom Becerra
Editorial: Oveja Negra, Bogotá, 1985


158 páginas (es cortico búsquelo y léalo)

Muy bonito es cuando uno se encuentra con un libro bueno escrito por alguien de su terruño; más bonito aún cuando ese libro no solamente es divertido y de sabrosa lectura, sino que explica a través de su ficción los enrevesados caminos por los que hemos llegado a ser este territorio de mentiras y de tristezas; pero mejor aún cuando estas tristezas se convierten en broma, en risa sardónica frente a la repetición continua de injusticias que nos explican.

Es el caso de la desconocida novela que me encontró en estos días y que relata la historia de un hombre cualquiera, un heredero de pobrezas y deudas como este Vagalis que les escribe. Bien lo dice Álvaro Salom Becerra en su prólogo cuando advierte que su novela trata “de un hombre mediocre, adocenado, del montón; de los que viven y mueren sin dejar huella; de los que no merecen “un supremo honor ni una suprema ignominia”. En la mejor tradición de la novela picaresca esta novela pretende demostrar que “en todas las situaciones de la vida, por dramáticas que sean, hay aspectos jocosos y en los actos de todo hombre, por solemne que parezca, hay un fondo de comicidad,” todavía más en una novela ambientada en la capital del país más ridículamente trágico del mundo.

La novela transcurre en la primera mitad del S. XX en medio de una ciudad creciendo de manera desmedida y acrecentando su miseria con enviados del resto del territorio nacional. Pone el autor buen cuidado en trazar continuamente un paralelo entre la vida de su protagonista y los acontecimientos políticos y económicos que marcaron el país, así, vemos pasar por sus páginas personajes ilustres como el Doctor Olaya Herrera “Flaco, alto, frío, rubio, mayestático, autoritario. Oyendo un discurso suyo, pronunciado con una voz que parecía que saliera del fondo de la tierra, se tenía la sensación de que lo había dicho todo; leyéndolo, al día siguiente, se llegaba a la certeza absoluta de que no había dicho nada.” O comprendemos, alumbrados por sus páginas, momentos decisivos de la historia nacional donde, por ejemplo, “El pueblo soberano (…) creyendo que se trataba de elegir Presidente de la Academia de la Lengua , lanzó a las candidaturas a don Marco Fidel Suarez , clásico del siglo de oro, que suplía su impericia en el arte de gobernar con un estilo insoportablemente perfecto y del Maestro Guillermo León Valencia, cuya inexperiencia administrativa estaba compensada por una enciclopédica cultura literaria una inagotable y parnasiana vena poética.”

Como tanta gente en mi ciudad el protagonista de la novela más que vivir padece de haber nacido, y más que pertenecer a la sociedad civil sostiene su calidad de “hombre civilizado” como una cruz que sólo podrá abandonar con la muerte, sin embargo va descubriendo a lo largo de su desafortunada vida las armas con la que muchos nos defendemos de este modelo social agobiante, el humor, la risa, y la e (en el arte, en la vida eterna, en la bareta, en la revolución...). Y a través de su vida imaginada que por ser de tantos es tan real Simeón nos ayuda a pasar el rato y a burlarnos un rato de nuestras tristezas.

Ya tengo un nuevo Santo a quien rezarle en el cielo: Simeón Torrente, otro hombre que lucho toda la vida para poder dejar de deber.


Nota motivadora: Son descritos en la novela dos métodos para escapar de los acreedores, uno menos redical que el otro pero los dos igual de efectivos.
 

domingo, 17 de febrero de 2013

La invitación desmentida

(Transmitiendo desde la intersección de la Av. Caracas con calle 63)

 
 
La luz tan fuerte, y que no vacila, la luz tan densa y tan extraña por su constancia me llega desde atrás y choca contra el color de mis pestañas que contra las gafas me deslumbra. Estoy sobre todo mirando los pies de todos los colores, que no paran de pasar.

La ciudad hace de su correo todos los sentidos mensajeros, y me abarca por completo, no puedo pensar por fuera de lo que es.Pienso: Cuando terminen los días de fiesta se podrá empezar con alguna cosa, pero, mientras las luces estén encendidas de esta manera, y haya tantas pajas en tantos ojos, en tantas bocas...tanto sueño prestado, no hay posibilidad de mirar con buenos ojos los cantos de mis afectos. Todo lo bueno es condenado por la luz.

Ahora vivimos la gran quema, pues todo brilla ahora como Roma a los ojos de Nerón, y hay un aire fastuoso en el ambiente.

Hay una tibieza también, que nos convence: hay que hacerlo porque es lo que estipula la normal estupidez. Como si no fuera suficiente sufrimiento llevar toda esta gran mentira a cuestas... No se si lo valdrán las tartas, comparadas con la cagada, con tanta distancia, con tamaño esfuerzo intestinal, con abismo tan grande entre lo que necesitamos y ansiamos y lo que creemos que queremos.

A mí globitos de enamorados vespertinos, a mí gente dispuesta a coger a toda velocidad, los anos, los senos, el pene, el pezón y la teta (y ojalá se toquen por lo menos eso), a mí, seres  furiosos de rabias secretamente infringidas, a mí seres ambiciosos, entrecanos y en acecho, a la espera de la mejor oportunidad para profundizar sus heridas más recientes en busca de las más antiguas.

Si queréis venir (aunque no sea sino por un espantoso malentendido), venid. Pero procurad pasar de largo, mirad de reojo, pues no quisiera que mis búsquedas os afeasen las certeras orfandades que son vuestro paisaje.

lunes, 11 de febrero de 2013

Barquito  Dele al click para escuchar.


Les dejo una queja pa bailar,  DEMO  de una canción de La FanFarza, colectivo de locos y entrañables cronopios al que pertenezco desde hace casi ya dos años.

Donde se explica la razón de ser de este blog y sus más íntimas aspiraciones


Hace ya un buen tiempo que me azuzaba mi ser moderno para que me desarrollara como ser blogosférico, manera incruenta que han encontrado los letrados de hoy para poder mantenerse escribiendo sin desaparecer del mundo virtual, cosa mucho más grave que desaparecer del mundo real. Me detenía el pensar en la ingente cantidad de textos que circulan hoy y que nadie lee pero se acumulan. El miedo al infinito me atenazaba la garganta. ¿Qué vamos a hacer después con todo eso? ¿No se sobrecargará la luz? (si es onda o si es partícula) ¿No reventarán las autopistas virtuales por mi falta de moderación, por mi culpable impulso por decir? Nada de eso me importa ya: mi ética se ha elevado, mis nostalgias han cambiado de bando: He visto la luz.

Fue hace dos días que mi computadora me habló. No digo que haya pronunciado palabra alguna, digamos audible, pero, estando sentado frente a ella empecé a sentir una gran presión sobre  mi cabeza, como si una nube densa se hubiera posado sobre mi; pensé que sería cansancio, pero la presión se hacía cada vez más fuerte y me impulsaba a acercarme. Me levanté y moví mi cabeza, de un lado para otro y en círculos, como me enseñó mi maestro yogui, pero la sensación no desaparecía, tampoco aumentaba, y si bien era molesta no era insoportable, así que seguí trabajando tratando de no pensar en ello, y sin darme cuenta me fui encorvando poco a poco, hasta casi apoyar mi mentón sobre el teclado. Yo estaba concentrado escribiendo y no tenía abierto Internet, ni estaba escuchando música, cuando de repente empezó a sonar esta música.

El sonido me agarró de mis costillas, de mi cuello, me atenazó la garganta y le hizo un nudo a mi lengua. A duras penas intentaba mantenerme sobre la silla mientras sentía que el mundo se me movía como un ventilador. Aún tengo las heridas que me hice clavando las uñas en la mesa, y mis pies están magullados y morados. No creo que esto haya durado más de dos segundos pero para mí duro siglos, caí sobre la computadora, apretando los dientes con fuerza y me mantuve allí, con los ojos cerrados, hasta que estuve seguro de que no se repetiría, entonces abrí los ojos. La computadora había dejado su pantalla en negro, pero arriba, en su parte izquierda se leía: "Al que quiera vida le será dada, al que la desprecie le será quitada"

Lo entendí entonces, inmediatamente: Dios se ha modernizado, Facebook y Google lo controlan, ha abierto un mail, un perfil y un blog, quiere Ser en el mundo, quiere entrar, así sea sólo como participante. Admito que sus métodos son por ahora un poco groseros, pero ya le iremos enseñando. Por ahora abro este blog para que me siga y poder orientarlo un poco.

Saulo Vagalis.