La presente serie de reflexiones más bien
inconexas y poco sistemáticas nacen a partir del viaje realizado por el
territorio colombiano entre enero y mayo de este año. No tienen pretensión de
estudio sociológico ni de objetividad completa (aunque SÍ de completa
honestidad); y buscan más servir como documento para la memoria (sobre todo la mía
que es tan volátil). Se debe también este intento a que, cumpliendo 25 años, por
vez primera salgo de mi nación, y quisiera saber bien cómo es que la recuerdo,
no hay sea que me la cambien después y yo no me dé
cuenta o aún peor, que cuando yo regrese esté más jodida que ahora, y yo, por
pura costumbre de ver las cosas mal ni cuenta me dé. Siendo consciente
además del crucial momento que vive la Colombí y de mi privilegiada situación
actual como observador viajero me di a la tarea de inventar esta especie de
autorretrato.
Para que el lector no busque lo que no va a
encontrar le explico mi situación, mi posición como observador: He hecho este
viaje como músico mochilero, jipi artesanoide… esto quiere decir quedándome no
menos de 3 días y no más de dos semanas en cada lugar, trabajando en el
rebusque musical a la hora de las comidas en restaurantes, bares y cualquier
lugar donde se presentara la oportunidad, y hubiera una aglomeración mínima de
público pobre, o rico o que no se supiera bien, excepto claro está las iglesias
cristianas, por físico miedo a la evangelización. En cada pueblo o ciudad
visité pues, por pura necesidad la zona de bares y restaurantes, las plazas
públicas, los mercados y las ollas o lugares de micro-tráfico, ya que es bien
sabido que los mochileros jipis etc.… No
hacemos ni mierda (algunos, casi todos) si antes no nos hemos fumado un baretico… Bendita sea
Colombia en donde se consigue yerba en todo lado (y que maldición tan hijueputa
el narcotráfico y su poder, creado por una ilegalidad de la droga que ya nadie puede
explicar seriamente). Hechas pues todas las advertencias y salvedades
necesarias, y dando a Dios gracias por la oportunidad maravillosa de viajar y
conocer este mi hermoso y sufrido país como artista proletario, empiezo.
Salí de Bogotá aún disfónico de tanto
arengar contra Monseñor Prevaricador y Santos el cerdo Presidente, por la
injusticia de la destitución del único alcalde realmente bueno que le he
conocido a mi ciudad. La pelea que veníamos dando en Bogotá me había llevado a
una serie de reflexiones que se agudizarían a través del viaje:
- Sólo tres cosas saben unir a la oligarquía colombiana: el dinero sucio, la vanidad y el odio.
- La democracia Colombiana es la dictadura de castas más legalizada del mundo.
- La alianza del narco, la oligarquía y los medios de comunicación creen poder mantenerse en el poder para siempre en Colombia, a partir del amangualamiento, la mentira y la represión, sin embargo su poder ha entrado en decadencia.
- La ciudadanía de las principales ciudades del país empiezan a buscar alternativas políticas diferentes, no necesariamente mejores, por ahora, pero sí distintas; en muchos casos gobernantes muy ortodoxos en el manejo de la economía pero un poco más inteligentes y progresistas en la planeación de ciudad y en la ampliación del alcance de los derechos ciudadanos, como es el caso de Fajardo en Medellín, o Mockus en Bogotá; algunos de estos gobernantes infringieron graves daños a su ciudad, como es el caso de Peñalosa en Bogotá, quien ante la imperiosa necesidad de crear un sistema de transporte masivo canceló el Metro y creó el Transmilenio, un sistema para robar, que ha retrasado el desarrollo de la ciudad en por lo menos cien años. Bogotá volvió a escoger el Metro en la figura de Samuel Moreno quien se lo volvió a robar (es deber recordad la actitud de Clara López en aquel entonces, quien como jefe del Polo llevó prácticamente del brazo a Samuelito a la corte, y nunca fue Clara, sino más bien oscura y encubridora frente a este robo que debió haber pagado Samuelito a latigazo en la plaza de bolívar.) La oligarquía pensó que con tan solemne cagada de la izquierda si reconquistaban a Bogotá- Sin embargo fueron tan imbéciles que separaron sus votos - y los Bogotanos eligieron en Petro un nuevo modelo de ciudad. Esta victoria en las urnas y su defensa jurídica, mediática y popular, en las calles, en los medios y en las cortes durante toda la alcaldía ha sido una gran victoria de la sociedad capitalina que demuestra que este país puede cambiar
- Algunos fenómenos de resistencia pacífica y de desobediencia civil son aún más importantes, por ejemplo ese que protagonizan los jóvenes y niños bogotanos que día a día, y sagradamente, se colan en Transmilenio; o la legitimación del consumo de bareta en Medallo, o la visibilización y respeto por la comunidad Lgbt en Cali.
- Los Paros agrarios de 2013 y 2014 muestran un despertar del pueblo colombiano, una voluntad de resistencia, de cambio de la sociedad colombiana, de sus pobres, de nosotros.
- Latinoamerica vive un momento en el que muchos de sus países han logrado dar un viraje hacia gobiernos con pretensiones de socialismo o de tendencias proteccionistas o sociales, de un capitalismo un poco menos salvaje, digamos un capitalismo progresista, domesticado, que muerde pero no mata…algunos pueblos como el venezolano aún no saben valorar y entender la revolución, pero ya nunca más se dejarán dar en el orto como antes.
De ahí pasamos a
Bucaramanga, la ciudad de los parques, que está una belleza alita, los parques
limpios de papeles, de jipis, de gente… hermosos; en las calles no hay zánganos por ahí pintando
o vendiendo chucherías, ni músicos callejeros, ni nada; las discotecas estás
agrupadas en una sola zona de la ciudad, y son bonitas y bien cuidadas, sólo se
consume perico adentro y las rumbas se animan a ritmo de la nueva ola del
vallenato y el reguetón criollo. No hay lugar para fumar yerba tranquilo en el centro de la ciudad y conseguir
yerba es difícil y peligroso, en cualquier momento aparece un bachiller de
policía y te roba la poca que tienes esculcándote hasta las güevas. Por
supuesto nadie toma ni habla ni se reúne en las calles ni en las plazas y la
policía tiene un CAI dentro de la Universidad pública. Es una ciudad como
soñada por Peñalosa ñero. Salimos corriendo de allá entre risas, porque además
la gente opina que la ciudad se está desarrollando, que ya casi van a ser
civilizados “pero claro, me decía un señor de lo más amable en un carro q
prestaba el servicio de transporte pirata, es que a uno que todavía es medio
campesino y le cuesta trabajo acostumbrarse a subirse al Transmetro y darle la
vuelta a la ciudad para llegar un lugar que aquí recto uno llega en cinco minutos.
Pero ese es precio del progreso mijo…”
Jeeei!!! Que la voz de las huellas sigan su canto mijo maizito!
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