martes, 5 de agosto de 2014

Viaje por la Colombí (Segunda entrega)

Como lo que queremos es fiesta agarramos para Taganga(fornication), bahía descontrolada en épocas vacacionales (en temporada, como dicen los artesanos). Sales a las 7 u 8 de la mañana y te encuentras, fácilmente, con un viejo en bermudas y el pecho al aire, camina con un ukelele haciendo engañifas y cantando lo que bien se le aparece,  a cada persona que se encuentra le pedirá un trabalenguas o una canción infantil para su colección;  anda con un jovenzuelo de unos 17 o 18 años que se hace llamar el Leòn, con el ojo derecho te da energía y con el ojo izquierdo te la quita, ha superado las pruebas del dragón y del tizón en la mano, y ha ayunado como Cristo durante cuarenta días, sólo metiendo trips… el viejo ondea su barba  y le explica las técnicas milenarias del kung fu y se paran uno frente al otro mirándose fijamente, y uno simple mortal sin saber si llamar a la familia de viejo.. o del niño…. Prosigue uno su camino y se encuentra con “La Máquina” un negro de ojos matadores q te ofrecerá un poco de perico
 - ¿no quiere? Bueno, si quiere un trago de churro,  vale  ¿tampoco? Ahh es que es  temprano, como yo no duermo hace tres días, oye vale mía pero hubieras visto a la neozelandesa que me levanté anoche… era una demonia, la hubiera visto, eso era dale que dale y meta perico no joooda.Si sigues caminando a las 10am ya estarás más ebrio que la puta… así es Tagangatown, donde los gringos se atragantan de perico y las gringas se atragantan… bueno, en fin…

Bueno, el recorrido es así, uno va a Taganga y se enloquece y después va a Palomino a relajarse y a entrar en conexión con la energía universal del bien, y sus ángeles ultra-terrenos, monas lo más de pizcas que han llevado sus rubias cabecitas a un nuevo nivel de conciencia; caminan descalzas y con sus piernitas todas picadas pero hermosas por las polvorientas calles del paraíso hippie colombiano: Todo es un amor tan grande, una suavidad tan linda, un no hacer ni mierda tan cargado de espíritu… después de presenciar un abrazo entre un par de ángeles que duró casi tres horas yo… bueno, yo la verdad me fui a beber con un guitarrista que se apareció por ahí con una botella de sello rojo con aureola. En la calle es posible ver a nuestros hermanos mayores los Koguis dormidos en los andenes con las manos todavía agarrando su botellita de churro; duermen a pierna suelta porque se trajeron a un niño de 11 o 12 años para que los libre de todo mal.

Desde hacía un buen tiempo venía yo soñando con subir a la sierra madre, habitada actualmente por tres comunidades indígenas: los koguis, los arhuacos y los arsanios, quienes se diferencian en sus costumbres y en su territorio. Los koguis habitan la orilla izquierda del río Palo mino y los arhuacos la orilla derecha; los arsanios, que son la mezcla racial de las dos razas viven en la otra ladera de la sierra madre, la que da hacia Valledupar, razón por la cual no los conocí. Estas tres comunidades son las encargadas de defender el territorio y la sabiduría ancestral que se ha reunido y se sigue desarrollando en la sierra madre.

Durante un día subimos con Dani y el chelito a cuestas para visitar una aldea indígena llamada Kunsemake o Kasa kumake, nos habían dicho que para subir necesitábamos invitación de algún indígena pero nadie nos invitó así que caminamos y caminamos hasta q nos cogió la noche… tuvimos q acampar al lado del camino y a la mañana siguiente reemprendimos el camino con tan buena suerte que nos encontramos con un hermanito kogui que venía tambaleándose y mambeando para compensar, fue de lo más bello con nosotros (después de q lo apoyamos para que se comprara otra botellita de churro que hacía una indígena que tenía una plantación hermosísima de plátano y árboles frutales) y nos llevó hasta el poblado en donde nos presentó a la familia de la primera choza quienes, gracias a él (no se qué cosa les diría) nos permitieron acampara allí… días después nos enteraríamos por boca de un kogui airado que el cucho ni siquiera vivía allí sino en otro poblado a un día de camino, pero para ese momento ya estábamos instalados. Nos quedamos en esta aldea una semanita.

¿Qué puedo decir sobre los koguis? Su tranquilidad y humor a flor de piel, su amor sencillo y humilde a la tierra y al trabajo, su respeto y convivencia con su entorno que se refleja en su forma de vida, en sus chozas en las que vive el padre, la madre, la otra madre y los jijuemil chinitos, en desapego y cultivando su tradición milenaria, la coca que se planta alrededor de todas las chozas, los árboles de los que cuelga el guamo y saltan los niños casi desnudos de rama en rama. Los hombres que se sientan en silencio alrededor del fuego todas las noches a compartir mientras mambean y afinan su poporo (es toda una intriga el tal poporo, un totumo con una varita de madera al que le han puesto adentro cenizas de concha marina, los koguis toman un poco de ceniza  con la varita  y  van refregando con la misma el totumo creándole un cuello, puedes saber la edad de un indígena por el largo del cuello del poporo).

Dos conversaciones recuerdo con especial agrado de mi visita, la primera con un kogui de 19 años que se llamaba Juan, hablábamos  una tarde (mientras yo me rascaba las piernas enloquecido),  de sus dos esposas, de su trabajo en la tierra y de la música que escuchaba (mero reguetón), cuando me pregunta como quien no quiere la cosa ¿y tú, de que raza eres?

La otra es una conversación con un niño súper avispado  que se quedó un montón de tiempo escuchándome practicar el chelolo, en un momento me le quedo mirando y le pregunto ¿Y vos, que quieres ser cuando grande? El niño se me queda mirando… no entiende la pregunta así que se la reformulo ¿qué quieres hacer cuando seas grande? El niño sonríe – “Estar aquí, trabajar la tierra, cuidar a mi abuelito, tener una familia, trabajar, normal…” 

En la hermosa Sierra madre. con una libélula parada en mis hombros escribí la letra de la canción que luego se llamaría Ayayawii Guajiro, de la que adjunto enlace para escucharla en versión de la banda De un día pa´otro. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario