lunes, 24 de marzo de 2014

LOS REVIVIDOS

Los nuevos hombres emergieron, con sus mujeres todos, 
envueltos en lodo, oloroso a zinc
y con su manos suspendidas hacia el cielo;
el lodo mismo los elevaba,
con la potencia del que acaba de estallar por dentro de una piedra 
de romper una cáscara que parecía el firmamento.

El nuevo sol se refleja en el lodo
 y lo seca poco a poco 
convirtiendo a muchos revividos en estatuas mudas del deseo; 
una bella mujer perece incluso antes de lograr estirar sus piernas,
y su cuerpo es un útero de piedra
o un sol que cercan las estatuas
de los hombres que intentaron  salvarla.

Mujeres y hombres mueren solos por miles:
no se diferencia su cuerpo petrificado de cualquier árbol  o risco en punta.
aullando de dolor, otros cuerpos saltan de vuelta al lodo burbujeante, 
perdiéndose en la oscuridad del abismo.

Arrastrándose por la piedra endurecida, 
rasgando sus pieles y dejando una estela púrpura en el barro
los revividos buscan el salvador salado, 
y con sus propias lágrimas lavan el ciego lodo de sus ojos.

La playa es desierto enorme desde el sol, 
que en concierto con los dioses decretado había
 el fin de la raza de los hombres.
Con pasión alumbra el sol 
y arden
 de los árboles los esqueletos,
y los troncos sin hojas de las palmas
son desnudos dedos en llamas, que señalan el cielo.

El mar aúlla y sus vapores
suben en forma de nubes al cielo y allï se aquietan y oscurecen
y en su oleaje crean
 el relámpago sobre el mar bravío
que con su brisa suaviza
la pena y el dolor de los que quedan.

Entre ellos una pareja
 se ha mirado a los ojos, 
y con sus manos se han golpeado las piedras sobre las piernas
adoloridas, rígidas, tumefactas.
Han puesto toda su vida en la lumbre de sus ojos,
para mantener encendida la esperanza del otro,
 y alzándose a intervalos 
hacen la competencia al sol,
que hace arder la arena bajo sus plantas
y seca el mar hacia el que corren.

Durante todo el día el cielo arde
los hombres se queman y sus cenizas
 se confunden con la arena.

pero, al alumbrar sonríe la luna
a una silueta de abrazados
que el mar lava con su manto.

la oscuridad y las lágrimas consagraron esa noche
a los revividos
como dioses, 
amos y señores de su destino.

Necoclí, 9 de Marzo 2014 

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