Necoclí, 8 de Marzo del 2014
NO existe oprobio peor para un ladronzuelo pueblerino
que robar la carpa de un jipi cualquiera,
músico, artesano, o rebuscador de caminos
y el castigo caerá sobre él sin duda, más temprano que tarde.
Pero
Al que sentado está en su escritorio o en la playa
robando el pan del pobre, asesinando niños, mares, mujeres y bosques
abusando de abuelos
violando a todas las hembras del hijueputa mundo,
a ese...
A ese pareciera que no le llegara nunca su castigo,
en su gran nube dorada a Dios se asemeja
por encima del dolor, y más allá de la gloria.
Todo su fastuoso olor confirma su poder a todos los que a él se acercan
todo él que se acerca pareciera bendecido.
Y sin embargo, mirando el mar el caminante
pronuncia su sentencia:
"No volverá a sentir tu boca la dulzura verdadera del beso
y el gris será el color de todos tus paisajes,
iguales será para ti el mar y la montaña,
y los ríos serán tus enemigos
El mundo entero será opaco y frío para tus ojos y la belleza quemará tu piel."
Y sin pensar en lo perdido ni llenar de rencor su alma avanza el caminante
sin dudar de él
ni de la eficacia del mal y del bien en la tierra.
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