El programa de Jornada Única creado por la alcaldía de Gustavo Petro para disminuir los índices de segregación social, económica y cultural de la capital colombiana identifica y focaliza el nivel de acceso a la cultura y la tradición artística como uno de las causas más importantes de dicha segregación y un indicador de la violencia estructural que aqueja a la ciudad. Por esta razón dispone que todos los educandos en colegios distritales reciban cuatro horas mínimo de clase de arte (Literatura, audiovisuales, plásticas, teatro, música, o danza).
Uno de los proyectos piloto desarrollados en este marco fue implementado en el primer semestre del 2013 en el colegio Camilo Torres por doce organizaciones artísticas y culturales y alrededor de treinta profesores de arte que nos encontramos con el desafío de responder a una pregunta que revolucionará el sistema educativo de nuestra ciudad y, en el futuro de todo el país: ¿Cuál debe ser la finalidad, el objeto de la educación artística teniendo en cuenta el contexto del sistema educativo público distrital?
En el transcurso de este programa piloto cada artista-maestro debió responder en la práctica diaria esta pregunta, consciente o inconscientemente. Busco presentar en este escrito las diferentes consideraciones que esta experiencia me generó después de poco más de un semestre de desarrollar este programa en el ya mencionado plantel educativo, experiencia tan desconcertante como prolífica y dificultosa para todos y cada uno de los maestros que en ella participamos, del más joven al más perro viejo de ellos.
Reflexiono. El arte (en general y aún contemplando desde la orilla el inmenso mar que esta palabra pretende nombrar) contiene en su esencia misma una característica que lo diferencia de cualquier otra disciplina del currículo educativo: es un camino de comprensión del individuo como sistema vivo (en todos sus ámbitos, corporal, sentimental, mental y espiritual). Ninguna otra disciplina exige para su desarrollo de manera tan fehaciente el encuentro reflexivo con la realidad del YO en la historia; en otras palabras, es totalmente imposible hacer arte sin haber puesto en cuestión la cosmovisión del artista, sin haber atentado contra las verdades últimas de cada individuo, contra el ser mismo del artista. (Utilizo acá artista en su más amplia acepción, es decir, cualquier persona que desde sus posibilidades físicas y técnicas busca una expresión estética del mundo).
Esta característica está implícita en el proceso de creación y formación artística y es, a mí entender, lo que de manera exclusiva puede aportar el arte a la educación: El arte es el camino privilegiado para que los y las participantes se encaminen en el empoderamiento de su contexto y en la búsqueda de su propia voz, única e inalienable. Lo interesante es que es precisamente este aspecto de la educación el que ha sido, no solamente olvidado sino sistemáticamente soslayado del modelo educativo actual. En él la voz de los estudiantes es invisibilizada por los mecanismos de poder de la escuela, enseñándole de esta manera al estudiante la verdad fehaciente de que su palabra nunca será escuchada, de que la democracia hoy es apenas el maquillaje de una sociedad que es gobernada única y exclusivamente por los intereses del mercado. De esta manera el sistema educativo cumple con su deber frente a la sociedad capitalista, necesitada de esclavos sin voz y sin criterio para que sostengan su moribundo sistema oloroso y pudibundo de su propia miseria. Para el contexto de la educación colombiana antes que una disciplina por sí misma, el arte es una herramienta de educación para la vida.
Cabe preguntar ¿Para educación de quienes? De los estudiantes obvio, responderían muchos docentes... Mentira, si nuestra primera premisa es que el arte educa para la vida, la segunda es que nadie sabe la fórmula del buen vivir, por muy docto letrado y condecorado que sea (en una buena cantidad de casos entre más docto, diplomado y condecorado menos saben vivir). Y no solamente porque la vida es tremenda e inextricable, sino porque la gran mayoría de veces las condiciones vitales que afrontaron los profesores en sus vida son muy diferentes a las que tiene que afrontar los alumnos: es muy fácil decir que hay que vivir ofrendando amor y decir no a la violencia (cumplirlo ya es algo que casi nadie logra en la realidad) si uno vive en los Rosales, pero enséñele a no responder con violencia, a no creer que la violencia es el camino a un pelado de Las Cruces que ha visto toda su vida que la violencia es la única moneda de cambio para que respeten su vida, que la ilegalidad (y la violencia que ella contiene) es la única salida para no vivir como un esclavo... Decirle a este muchacho que se dedique a la meditación yogui y salude a todos con una sonrisa, que confíe y ame, que al que lo ofenda le responda inteligentemente y se defienda con argumentos es como regalarle una lista de instrucciones para llegar pronto a su sepelio. Es importante brindarle las herramientas de meditación y de reflexión para su paz espiritual, pero sólo el mismo estudiante utilizando su sensibilidad, su poder de análisis y aplicándolo a sus conocimientos del territorio puede descubrir la manera de transformar sus relaciones, no de huir de su territorio y aborrecer sus orígenes (pasa todo el tiempo y genera graves desequilibrios mentales y traumas sociales, familiares y sicológicos) sino de convertirse en un agente de cambio dentro de él.
Durante mi estancia de veinte años dentro del sistema de educación escolarizada he confirmado una y otra vez que las relaciones dentro de los colegios y las universidades nos son sino una réplica, un reflejo del sistema social que las rodea,Este principio debe ser entendido para poder aprender de esta experiencia, y ser parte del cambio de paradigma educativo que esta sociedad necesita. Así que como en la sociedad en los colegios está el que tiene el poder y lo utiliza para aplastar al desprotegido, está el burócrata útil que se complace en hundir al que está hundido, el que lo hace sólo para salvar su puesto, y el que lo hace por bruto, con la mejor de las intenciones. Un nuevo paradigma de investigación-acción educativa eludirá replicar este sistema.
Entonces ¿cómo es que puede el profesor de arte ayudar a que el estudiante descubra su propia vida? EL profesor no sabe cómo vivir, de hecho tiene en su contra que entre más viejo es más contaminado está por la enfermedad del que compra y el que vende, por la sarna corrosiva del que ha pasado muchas horas de su vida calculando como se va a gastar su paupérrimo pago mensual, llevando cuentas de las semanas, los días, las facturas y el mes que viene; ha acumulado una sapiencia del todo inútil para el desarrollo del ser humano como especie, pero totalmente necesaria para vivir en el mundo de hoy.
Por otro lado el estudiante está metido de cabeza (y ahogándose) en la mass media: Ve televisión cuando no escucha radio, o está en el facebook viendo todo el día noticias falsas de mundos que no conoce pero que está convencido de que son más reales que el mundo en el que vive. Ha crecido en la generación de la rapidez, de la falta de memoria, de la superficialidad de la información y del conocimiento. (Por supuesto, hay profesores que han encontrado sus propias maneras de escapar de la dependecia al mercado, y hay estudiantes que hacen uso de su imaginación y de sus piernas, pero vaya si son pocos). En conclusión, nos educamos todos entre enfermos, como parte que somos de una sociedad podrida desde sus más bajos cimientos.
Por estas razones no somos los profesores ni los alumnos los que enseñamos a redescubrir la vida, sino el arte a través de nosotros, el arte acogiéndonos en su tradición y en su misterio. Esto es indudable si se comprende que el misterio del arte es el misterio de la creación: sabemos que si se pone una semilla bajo tierra y se cuida de ella la semilla germina, pero no sabemos de donde le viene a esa semilla la voluntad de germinar, sabemos del óvulo y el espermatozoide y del placer bello y fortuito que los pone en el mundo, pero nada sabemos de la chispa que convierte esta reacción fisico-química en un ser humano. Este es el misterio que comparten el arte y la naturaleza: la creación, la voluntad para que de la nada crezca algo, la voluntad de vida que se contrapone a la entropía, la posibilidad de crear, desde el cero.
La tradición artística es en sí misma una recopilación de los diferentes esquemas y métodos que el ser humano ha desarrollado para representar (explicar) su mundo, y de él crear algo totalmente nuevo, algo que está en el mundo con energía propia, que tiene su propio aliento, su propio ser más allá del creador. La voluntad de vida, el potencial de creación es el poder más increíble del ser humano, es tan profundo y tan potente que ni nosotros mismos hemos podido destruirlo, está ahí en las cabezas y en los corazones y hace explosión cada vez que entra en contacto real y profundo con otros fenómenos vitales. El artista-maestro ha entrado en contacto con el arte como proceso vivo y transformador, como chispa que activa la energía creativa; y ha analizado de qué manera y cómo es que ciertos procesos artísticos trabajan en el espíritu del ser humano. Ese camino de sensibilización (a través de la creación, la apreciación y la formación artística) hacia la tradición artística como patrimonio vivo del ser humano creador es el que debe ofrecer el maestro de arte, a mi entender, a sus estudiantes.
Este camino es infinito, y cada ser humano tiene el suyo propio, nadie puede imitar el de otro, y a medida que se va avanzando en él se comprende esta radical diferencia como condición para la existencia. Hay un espacio de Do a Re, como lo hay del azul al rojo, pero no hay un color o una nota más importante que la otra, este principio artístico de armonía es un principio básico para la vida en comunidad (y qué falta nos hace comprenderlo en Colombia), la práctica artística por sí misma se encarga de enseñarlo si se logran crear las condiciones para que la investigación sea conjunta y no impuesta, base ineludible para que la experiencia artística sea fidedigna.
Muchas gracias al Alcalde Gustavo Petro por tomar la decisión política de revolucionar el sistema educativo a través de la inclusión de las artes en el currículo educativo. El arte es el camino.
Saulo Vagalis.
Ya sea porque la eternidad vive ahora mismo, y la posteridad me importa tanto como un ramo de begonias rosadas puestas al frío en la mitad de la avenida (en un bonito florero, por cierto); ya sea porque creo tanto en la vida que a veces hasta me da pena: Dejo acá mis rezos, mis llantos y discusiones, mis dislocaciones e histerias, mis sones y griterías para el que quiera cuidarlas, regalándoles un ojito.
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Severo publicación don Pablo.
ResponderEliminarque grande tu comentario y que grande tu pasion ...
ResponderEliminarTe Extrañamos Mucho