sábado, 6 de abril de 2013

LA TENIA



A veces se me daña el soñador de por dentro y me convierto en torpe hormiga agujereada, con la carga mal atravesada sobre los hombros. Me toca llorar para adentro pues de afuera se me impone una careta sandia y apelmazada de odio transversal e indiscriminado que me opaca los ojos y me enturbia la lengua, los crespos me aplaca y la cabeza me desparrama, extendiéndola con un rodillo por los techos y las paredes hasta desaparecerla, confundiéndola con el cemento, el polvo y la pintura. Cualquier masturbación es un fracaso pues el órgano imaginativo languidece y la cabeza de los deseos señala el infierno; cualquier esfuerzo es vano, toda pretensión inútil, superflua para un mundo condenado ya a la ignominia, a la muerte por obsecuencia, a la desaparición autoinflingida.


Pero si por fin no escribo lo que se me escapa del entendimiento, sino ausculto mi angustia, no la disecciono y le descubro a la Tenia su vientre de desesperanza; sino revelo el iris de sus ojos a la luna para que encarame en su luz su locura, sino examino sus dientes y los muerdo fervoroso para medir su dureza con mi hueso; sino desnudo en fin, su aire maligno, así el dolor del cuchillo inunde mi propia carne, la Tenia me tomará por completo hasta hacer de mí mi propio fantasma e inundar con su alma del vacío el corazón de la gente que me quiere.

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